Magia

Del lat. tardío y medieval “magia” y ésta del gr. ant. μαγεία (mageía), que originariamente significaba “la teología de los Magos”. Los Magos, en su transliteración griega οἱ μάγοι (joi mágoi) eran  los miembros de la casta de sacerdotes del Zoroastrismo, antigua religión persa basada en las enseñanzas de Zoroaster o Zarathustra. El nombre original persa era “maguš” y aparentemente antes de estar asociado con la casta religiosa, era también el nombre de una tribu Meda, como lo describe Heródoto en sus historias: ἔστι δὲ Μήδων τοσάδε γένεα […] Μάγοι – los pueblos de los Medas son […] los Magos (Herod. Hist. 1.101.1). Ya en el siglo VI a.e.c. aparece la palabra “maguš” en la famosa inscripción en Behistún, situada en el occidente de Irán, asociada a la persona de Gaumata, quien supuestamente se levantó en rebelión contra Cambises II haciéndose pasar por su hermano menor Smerdis (1.36-43). Dado a que los Magos eran famosos en el mundo griego por sus conocimientos astrológicos, rápidamente empezaron a ser asociados con lo que hoy  llamamos magia, el arte de poder manipular la realidad de forma sobrenatural. Los (reyes) magos mencionados en el evangelio de San Mateo 2.1 (μάγοι ἀπὸ ἀνατολῶν – magos del oriente) eran probablemente sacerdotes zoroastras más teniendo en cuenta que según el apóstol interpretaron el nacimiento de Jesús leyendo los astros.

La palabra “maguš” proviene probablemente del PIE *magh-(1) significando “tener el poder, poder hacer”. Está emparentada con el gr. ant. μηχανή (mejané) – “máquina, dispositivo, artefacto”. También está relacionada con la raíz germana *mag-, de donde proviene el verbo “may” – “poder, ser posible” en inglés y “mögen” en al. mod. con el mismo significado. Las palabras derivadas en ingl. “might” – “poder” y en al. mod. “Macht” con el mismo significado también están asociadas. El nombre de los “maguš” o Magos podría interpretarse entonces como “los poderosos” o “los que tienen el poder”, aludiendo probablemente a su estatus sacerdotal.

Fuentes: Watkins p. 50, Pokorny II p. 695, Kluge p. 626-627, Frisk p. 156-157

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